lunes, 19 de octubre de 2015

CAPÍTULO SEIS DE SAMIDAK

Hola a tod@s, pues ya estamos en pleno octubre y toca subir al blog el sexto capítulo de mi novela Azul, el poder de un nombre. Samidak.  Es el último que voy a subir al blog. Como ya anuncié (vuelvo a repetir este mensaje, lo siento si resulto pesada), cada mes he ido publicando un capítulo para ir abriendo el apetito lector, hasta que este 29 de octubre se publique al fin como libro (editorial Éride).  ¡Santo Cielo! ya quedan pocos días, como indica mi propio marcador del blog.  

Tod@ el que lo quiera podrá comprarlo en su librería de confianza o a través de este blog (ya habilitaré una entrada para ello).

¡Disfrutad de la lectura de este último capítulo de adelanto!


CAPÍTULO SEIS. CHOQUE DE ESPADAS



Faltaba sólo un día para la fiesta de la Consagración. Lázarus Roberts se resignaba ante sus obligaciones aquella mañana. Acababa de aterrizar en Verbace en una nave de transporte militar y lo que más deseaba en ese momento era retirarse a descansar. Pero según le marcaba la agenda de su muñequera, se le esperaba en el gimnasio de entrenamiento de oficiales para asistir a algún tipo de exhibición. Y sabía cómo solían terminar esos actos. Al final siempre le tocaba mostrar a él sus habilidades ante los novatos o menos doctos oficiales. Tenía que lucir su experiencia, algo que tras muchas repeticiones había dejado de divertirle. Pero prometió al almirante Drelano atender todas las citas que la Flota le había impuesto en Verbace, aunque fueran más propias de un relaciones públicas o un cargo diplomático.

Hasta el momento había podido ver poco de la ruidosa capital de Verbace. Aunque lo que atinaba a ver desde la nave de transporte que le conducía a la base de seguridad, era la visión de una bulliciosa ciudad. Lázarus había estado allí antes, durante un permiso, cuando sólo era un oficial sin el grado aún de capitán. Su colega Gorgi Sirbio le había arrastrado hasta aquel lugar con la promesa de que lo pasarían bien. Pero a Lázarus no le gustó mucho todo aquello. Sí, era una enorme ciudad dedicada al ocio y al juego, uno podía perderse en sus diversiones. Aunque Lázarus la encontró demasiado masificada, él prefería sitios más clandestinos y menos populares como Calenda, donde cualquiera tenía la diversión y el anonimato garantizados. Era lo mejor para huir de la Federación, un rincón alejado de su control directo. Lázarus a veces necesitaba no sentirse como una pieza más del engranaje federativo. Una suerte que entre sus obligaciones no estuviera pasar más de dos días en aquel lugar, podía abandonar Verbace en cuanto acabara la fiesta de la Consagración.

El oficial que le recibió al aterrizar su transporte, se ofreció a acompañarle, pero él no quiso aceptar, prefería moverse solo a través de las instalaciones. Aquella base de seguridad no era un sitio muy grande. Lázarus estaba a punto de llegar al gimnasio y mientras caminaba despreocupado se preguntaba si la elección de su atuendo para aquel día era acertada. No vestía aún su uniforme de gala, había optado por la ropa deportiva que acostumbraba a ponerse cuando se ejercitaba en el gimnasio de su propia nave. Quizá era un conjunto poco aparente para presentarse ante el capitán y los oficiales de Verbace que le esperaban, pero era la vestimenta más adecuada si tenía que exhibirse en alguna demostración de lucha de combate. Las puertas de la sala del gimnasio no auguraban un recinto mucho mayor que el propio de su nave Andante. En cuanto estuvo en el interior confirmó que así era.

-Presumo que es usted el capitán Lázarus Roberts.- le dijo Erkines Maltés saliendo a su encuentro. Lázarus reparó en su interlocutor y al ver su uniforme de capitán de tierra supo ante quien se encontraba. Era un hombre mayor de lo que esperaba, sin duda todo un oficial veterano.
-Sí, y yo supongo que usted es el capitán Erkines Maltés.- el aludido sonrió confirmando su identidad.- Confió en que haya tenido usted un buen viaje. Para ser un capitán estelar es usted bastante joven, no le imaginaba así.
-Sí, no es usted el único que no lo hace.
-Bueno, no perdamos más tiempo, déjeme que le enseñe nuestras instalaciones de entrenamiento. Como verá, son un tanto rudimentarias, pero se ajustan a nuestras necesidades.- Lázarus no necesito mucho tiempo para ver el conjunto del gimnasio. Había una amplia sala de combates adaptada para enfrentamientos armados o luchas cuerpo a cuerpo. Había otra sala con aparatos y máquinas diversas para realizar ejercicios. También disponían de una piscina cubierta no muy grande. Y por último una sala cerrada, reservada para recreaciones holográficas y para ejercitarse con combates más rudos usando contrincantes robóticos.

En la gran sala de batallas había cerca de veinte oficiales que contemplaban a Lázarus expectantes. Él los miró de soslayo, sin fijarse demasiado en ninguno de ellos. Casi todos vestían ropa deportiva similar a la suya, sólo dos de ellos vestían otro atuendo. Llevaban trajes reforzados y cascos para practicar esgrima. Aquella mañana, ese gimnasio le deparaba una demostración de espada. Lázarus se alegró de ello, estaba esperando una simple lucha targiana, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo tan poco agresivo como un baile de mariposas. Sin embargo, un buen duelo de espadas para un persoliano como él, era un espectáculo emocionante, aunque infrecuente de ver en los círculos oficiales de la Federación. Y si aquellos dos guardias no eran buenos con el manejo de sus armas, siempre podía él enseñarles a bailar con una espada.



-He oído decir que usted, como yo mismo, siempre está dispuesto a ver un buen combate de espadas. Por ello espero que disfrute con el que van a ofrecernos dos de mis oficiales.- El capitán Erkines le invitó a sentarse para ver la lid que estaba por comenzar. Lázarus se acomodó con gusto deseoso de ver un buen combate. La refriega no tardó en empezar tras el saludo de rigor de los combatientes. Fue una pugna elegante y bien coordinada, pero de un nivel esgrimista mediocre para el gusto de Lázarus. Quedaba claro que como espadachines su potencial no era elevado. Lázarus perdió enseguida el interés por saber quién de los dos sería el ganador. No era capaz de disimular su indolencia y pronto el capitán Erkines advirtió con una sola mirada que su invitado se estaba aburriendo. Erkines no sabía si sentirse molesto por su descortés desinterés o verse obligado a admitir que sus espadachines no eran un notable ejemplo del arte de la esgrima. Ante semejante dilema, se le ocurrió tentar al capitán Lázarus:
-¿Qué le parece si usted y yo somos los siguientes combatientes?- la pregunta de Erkines pilló por sorpresa a Lázarus. Esperaba en cualquier momento ser requerido para hacer una demostración de sus habilidades, pero no creía tener que enfrentarse al propio capitán de aquella base. Era más habitual que sus exhibiciones fueran en solitario o que si lo luchaba contra otro rival, éste fuera un simple oficial. No le hacía sentirse muy cómodo la idea de cruzar su espada con otro capitán. Sin embargo, dado el talante que parecía imperar en un hombre como Erkines, consideró mejor ofenderle en el combate que renunciar a él, porque Lázarus estaba convencido de que le doblegaría con facilidad en un duelo de espadas.
-Será un honor.- contestó Lázarus sonriendo de manera complaciente.

Ambos capitanes se prepararon para el duelo. Se vistieron con el peto de alkinia, un material dúctil y ligero y a la vez sumamente macizo, lo mejor para sentirse protegido como si de una recia armadura se tratara. El conjunto de seguridad se contemplaba con un casco ligero también de alkinia. El visor de este yelmo era opaco y aunque los contrincantes tenían una visión perfecta, toda sus cabeza y su rostro permanecían ocultos dotándoles de un aspecto un tanto siniestro. Los oficiales que estaban a punto de presenciar la exhibición de los capitanes se miraron inquietos. Más de uno hubiera querido formular una apuesta ante semejante pelea y no limitarse a ejercer de espectadores. En cuanto estuvieron preparados, eligieron sus espadas, aunque no dejaban de ser armas rudimentarias, las espadas del gimnasio eran pequeñas obras de arte, bien labradas y calibradas. Su peso era el preciso de la esgrima tradicional, como bien le gustaba recalcar a Erkines. Un amante del arte de la espada como él, se veía en la obligación de tener buenas armas en su gimnasio.

Tras el saludo de rigor, ambos capitanes se pusieron en guardia y estuvieron unos segundos contemplándose, uno frente al otro. Los presentes creían que sería Lázarus el primero en romper su guardia y atacar marchando hacia delante. Pero por el contrario fue Erkines el que marcó el ataque y Lázarus se vio forzado a romper hacia atrás para defenderse. El joven capitán completó su defensa con un movimiento de fondo, contraatacando con su arma en ristre. Erkines no era un aficionado y esperaba un movimiento ofensivo semejante. Así que le fue fácil zafarse de la espada de Lázarus y acometer a su vez con un ataque en línea. Pero los reflejos de Erkines no eran tan rápidos como los del joven Lázarus. Éste último no tuvo ningún problema en romper el ataque de su adversario con un movimiento de marcha hacia adelante, que le permitió abalanzarse a su vez clavando su espada en el pecho protegido de Erkines. El sensor electrónico del peto sonó validando el ataque de Lázarus.

Y volvió a sonar al menos cinco veces más en favor del joven capitán, mientras Erkines no pudo certificar ni un solo tocado en su marcador. Tras casi media hora de pelea, no le quedó más remedio que declararse doblegado y dar por ganador a aquel joven, que no dejaba de parecerle sino un pretencioso, aún admitiendo que era un buen espadachín. Los oficiales testigos de la pugna aplaudieron encantados, especialmente las mujeres que no disimulaban la atracción que ejercía sobre ellas Lázarus Roberts. El joven capitán a su vez, y marcando más aún su atractivo, se quitó el casco protector y dedicó a las féminas, lo que a los ojos de Erkines no era sino una presuntuosa sonrisa de triunfo. Sin duda aquel ridículo joven merecía una cura de humildad. Erkines no había sido capaz de aplicársela, pero al pensar en ello supo al momento quién era la persona idónea para administrársela.

-Mi buen capitán, es usted un estupendo espadachín , sólo mis reflejos me han permitido ganarle.- comentó Lázarus en un tono que no dejó de sonar displicente. Acto seguido se dispuso a quitarse el peto.
-Oh, no, mi joven capitán no se quite aún el traje, quisiera que nos mostrara una vez más sus habilidades con la espada. Voy a buscar a otro oficial para que sea su adversario.- Antes de que Lázarus pudiera replicar nada, el capitán Erkines marchó a buen paso hacia la sala de recreaciones. Lázarus le contempló un momento un tanto desconcertado, para, al instante, lanzar una sonrisa pícara a sus espectadores. El capitán tardó un largo rato en regresar, tanto, que todo el mundo, empezando por Lázarus se impacientó bastante. Cuando regresó a la sala principal del gimnasio un oficial venía tras él. El oficial movía sus pies con pesar, como si no le apeteciera llegar hasta donde el capitán le arrastraba. En cuanto le vieron aparecer, los oficiales congregados comenzaron a susurrar de manera incómoda y Lázarus no pudo dejar de percibirlo. El oficial llevaba puesto el casco de alkinia cubriéndole toda la cabeza, a Lázarus le era imposible atisbar una sola facción de su opositor. Cuando estuvieron a la misma altura, el joven capitán saludó con una fría sonrisa.

El oficial que acompañaba con mal disimulada desgana a su capitán , no era especialmente fornido, y en cuanto a su estatura, tampoco destacaba. Incluso el capitán Erkines que era un poco más bajo que Lázarus le sacaba una cabeza. No era de extrañar que aquel pobre tipo no tuviera prisa por batirse con Lázarus. El joven capitán se apenó un poco por aquel desconocido oficial, tenía intención de hacerle besar la lona del gimnasio en un abrir y cerrar de ojos.
-¡Vaya, capitán! ¿No ha encontrado entre sus oficiales uno más corpulento para hacerme frente?- comentó Lázarus con sarcasmo.
-La fuerza nada tiene que ver con el manejo de la espada, ¿acaso nadie le enseñó esa lección?- Erkines no pudo reprimir la acritud en sus palabras. Lázarus percibió al instante que su comentario había sido dañino y poco acertado. Sí, su maestro de esgrima le enseñó esa lección, pero Lázarus acostumbraba a ser impetuoso y olvidar conceptos básicos. Sobre todo cuando se sentía ganador.
-Lo siento, capitán, si usted ha elegido a este oficial para la demostración sus razones tendrá. Acepto encantado el reto.- La disculpa de Lázarus tenía poca convicción, pero viniendo de alguien tan pretencioso, Erkines la dio por buena con un simple asentimiento de cabeza. Al fin y al cabo, el viejo capitán estaba a punto de cobrarse su venganza, gracias al oponente que había elegido. Pronto podría reponer el honor de su base. Lázarus estaba tan despreocupado, que arrinconó las ganas que tenía de retirarse a descansar. Parecía una prueba más de un reto divertido, no estaba dispuesto a decepcionar a su público.




Lázarus y su oponente se saludaron para comenzar el duelo y enseguida se pusieron en guardia. Lázarus adoptó una guardia tradicional con la espada hacia delante, dispuesto a tirar o parar un ataque. Sin embargo, para su gran sorpresa, su contrincante adoptó una guardia con la espada hacia abajo casi rozando el suelo. Era la postura conocida como pájaro de cola larga en la que el esgrimista adelanta un paso su pie derecho, pero mantiene su pie izquierdo atrás con la mano zurda a la espalda, mientras la diestra agarra la espada hacia abajo como si uno estuviera dispuesto a arrojarla al suelo. Lázarus se inquietó, ningún espadachín de buen juicio empezaba un duelo con semejante guardia, salvo si estaba muy seguro de sí. Él solo había conocido a un hombre capaz de dominar ese movimiento y ese había sido su maestro de armas Vailaso Sirton, aquel del que había aprendido todo sobre espadas en su Pérsolis natal. Pérsolis era uno de esos pocos planetas federativos que gustaba de formar a sus jóvenes en el deporte del manejo de la espada. A su memoria acudieron las palabras del maestro:
-La guardia de pájaro de cola larga sólo puede ser usada por los maestros o los locos, querido Lázarus, espero que algún día estés en la primera categoría como espadachín.- Lázarus nunca había osado usar esa guardia, ni tampoco había visto hacerlo antes de llegar a Verbace. Ahora sólo le cabía preguntarse en qué categoría de espadachín estaría su contrincante. Lázarus sonrió para sí, intrigado. Y en unos segundos su intriga se convirtió en desconcierto. Sin haber sido capaz de preverlo, su opositor había llegado hasta su altura y le había desarmado. Lázarus no estaba seguro de si para ello se valió de uno o varios movimientos, pero él ya no tenía su espada sujeta en su mano derecha. La espada yacía en el suelo del gimnasio, como si tuviera vida propia y hubiera saltado de su mano hasta allí. El oponente le hizo un gesto instándole a que la recogiera para continuar el combate. Lázarus se sintió estúpido como no se sentía hacía tiempo, como sólo le hacía parecer su padre cuando le recordaba lo poco orgulloso que estaba de él.

En cuanto Lázarus recogió su arma, ambos espadachines volvieron a ponerse en guardia. Lázarus no estaba dispuesto a ser pillado de nuevo desprevenido, por lo que decidió abandonar al instante la guardia y hacer un rápido ataque de flecha. Confiado de su rapidez , pensó que conseguiría dar en pleno peto del adversario alargando bien su espada con su impulso. Pero el oficial desapareció de su trayectoria y de su visión como un fantasma y cuando se giró hacia su derecha para dar con el paradero de aquel, sintió un pequeño calambre en su brazo, como una descarga. Su espada de nuevo había caído al suelo. Lázarus no podía creerse que de nuevo había sido desarmado. Los oficiales que asistían a la demostración cruzaban murmullos de asombro entre sí, mientras el capitán Erkines le dedicaba una mirada cargada de cierta sorna. Lázarus tomó su espada del suelo. Esta vez lo hizo sin esperar que su rival se lo pidiera. Deseaba sentirse libre de escoger. Así que tomó con furia el arma, agarrando la empuñadura con fuerza, desoyendo el consejo de su antiguo maestro Vailaso Sirton que tronaba en su mente:
-Recuerda, joven Lázarus, una espada nunca se debe sostener con fuerza, tienes que sentirla como un pájaro en tu mano. Nunca la estrangules, ni la cojas tan flácidamente que se te escape del puño. Trátala con firme delicadeza.
Sólo que en aquel momento, Lázarus no sabía nada de sutilezas. En lo único que pensaba era en no volver a pasar por la vergüenza de ser desarmado. Así que de un brinco, con su espada en la mano, dio un salto y se dispuso a atacar cargando sin abrir guardia alguna. Su contrario paró el ataque con un simple paso hacia atrás y deteniendo espada contra espada. Entonces hubo una sucesión de cruces de espada, un auténtico duelo.

Parecía un combate igualado, al menos así lo creía Lázarus, pero los espectadores, especialmente el capitán Erkines, veían como el oficial en realidad tenía una clara ventaja y sólo estaba jugando con Lázarus. En sólo unos segundos, de ser el atacante, Lázarus pasó a ser el defensor, retrocedía haciendo frente a los golpes de su oponente de manera desesperada y poco elegante. Porqué su rival no le vencía de una vez, era algo que sólo el propio oficial sabía, quizás estaba siendo piadoso.
Pero todo tiene un límite y su contrincante en un momento de la lid, volvió a pillar desprevenido a Lázarus, cambiándose de mano la espada. Resultando ser un espadachín ambidiestro, blandió con su mano izquierda la espada haciéndola bailar frente a Lázarus que retrocedió como pudo ante la embestida del oficial. Un segundo después, Lázarus vio como su espada volaba a la mano derecha de su oponente. Nuevamente aquel oficial le arrebataba su arma. Lázarus tropezó y cayó hacia atrás mientras las dos espadas en mano del rival le marcaban en el pecho.
El peto emitió el sonido del marcaje que le delataba como derrotado. Lázarus sentado en el suelo, desarmado y humillado, miraba hacia arriba al campeón que, erguido frente a él, le contemplaba desde la altura apuntándole con las espadas.

Cuando Lázarus pensaba que nada más podría sorprenderle aquel día, Azul se quitó el casco y le mostró su rostro. Era un semblante de una belleza etérea y de unos rasgos exacerbadamente delicados, muy lejos de cualquier humano. Al contemplarla, Lázarus se vio invadido por el recuerdo de las deidades mitológicas que poblaban los cuentos que su madre le narraba cuando era niño. El azul de sus ojos era tan puro e infinito, que parecía destinado a calmar la sed de imperios enteros. Su rostro estaba crispado por la tensión del momento y el sudor por el esfuerzo perlaba toda su piel. Y con todo, Lázarus jamás contempló algo tan radiante.

El joven capitán había visto muchas mujeres hermosas a través de sus viajes por el universo, todo tipo de bellezas de distintas razas. Él mismo era un experto galán, por sus brazos habían pasado cientos de conquistas. Y pese a ello, se quedó sin habla al contemplar como Azul le tendía la mano para ayudarse a ponerse en pie. El combate había terminado y Lázarus se sentía doblemente desarmado, sin espada y sin palabras que acudieran a su boca. La doble humillación de haber sido vencido y por una mujer, pasó a un segundo plano, estaba demasiado embelesado con ella. No podía apartar sus ojos de la intensa mirada azul de aquella joven, se sentía profundamente hipnotizado:
-Bueno, no se puede negar que hemos presenciado un gran combate.- dijo cordial el capitán Erkines acercándose hasta Lázarus. Éste tardó un tiempo en reubicarse, en darse cuenta que aún estaba en el gimnasio de entrenamiento de Verbace y no en ningún otro lugar. Y aunque las palabras de Erkines le habían devuelto a esa realidad, aún no podía regresar sino parcialmente a ella. Contemplando a Azul, no sentía deseos de mirar a ningún otro lado, y menos de responder a Erkines. Pero el capitán Erkines no se sintió ofendido por ello, una mujer como Azul no podía causar otro efecto que no fuera el que Lázarus estaba sufriendo. 


-Le presento a mi primer oficial, Azul. Como acaba de comprobar es nuestra mejor espadachín.- comentó Erkines llenó de orgullo como si le estuviera presentando a su propia hija.
-Me temo que no ha sido un duelo justo. Lo siento por usted, capitán Lázarus, es un excelente espadachín.- Lázarus quería tratar de comprender por qué Azul había calificado el duelo de no justo, pero antes de preguntarle por ello la joven volvió a hablar.
-Tengo que irme ahora, llego con retraso a mi turno. Con su permiso capitán Erkines.- el capitán dio su consentimiento con la cabeza, sabía que ya había forzado demasiado a Azul por ese día.
Ella odiaba tener que batirse ante un contrincante humano y demostrar su superioridad en el manejo de la espada. Hacía tiempo que prefería usar la sala de recreaciones artificiales, allí podía combatir con su espada contra robots y conseguir no sólo ejercitarse realmente, si no también no terminar humillando a nadie.

En Verbace no había ni un solo oficial que la hiciera sombra con el manejo de la espada. Esa misma mañana se hallaba en la sala de recreaciones combatiendo con un androide de batalla, cuando el capitán Erkines vino a pedirle que se batiera contra Lázarus. De buena gana Azul se hubiera negado a hacerlo, si el capitán Erkines le hubiera dado alguna opción de rechazar un reto semejante. Pero el capitán básicamente se lo ordenó, alegando que bastante había hecho por ella librándola de acudir a recibir al capitán Lázarus Roberts. Ahora se le hacía inevitable brindarle el dudoso placer de conocerle.

La joven se dio la vuelta, dispuesta a marcharse. Lázarus no quería que lo hiciera, quería que se quedara allí con él, quería conocerla mejor, saber de ella. Pero mientras Azul le daba la espalda, sólo tuvo tiempo de formularle una pregunta:
-¿Por qué dice que nuestro duelo no era justo?- Entonces la joven se paró en seco, giró su cabeza y miró a Lázarus dedicándole una sonrisa a modo de respuesta. En otras circunstancias muchos eran los que morirían por una sonrisa da Azul. Pero ésta era una sonrisa melancólica, llena de una tristeza tan inmensa, que Lázarus se sintió bloqueado y culpable de haber causado esa reacción con una sencilla pregunta. Azul no hizo ningún gesto más, ni emitió palabra alguna, miró al frente y salió del gimnasio ante el estupor de Lázarus.
-Déjela ir, capitán, le contaré algo sobre ella que responderá a su pregunta.- era el capitán Erkines el que le hablaba así mientras posaba su mano con firmeza sobre uno de los hombros de Lázarus impidiendo cualquier intento de éste de seguir los pasos de Azul.
  

20 comentarios:

  1. Woowoo! ^^ enhorabuena! a ver si me puedo poner y leer los primeros capítulos :D Saludos!

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  2. Hola :) Ya no queda nada de nada, ya esta ahí. Muchas felicidades por lo que has conseguido maja, esperando leerlo con mucha ansia la verdad. Un besin^^

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    1. ¡Hola, simpático! Me reitero para decirte las muchas ganas que tengo de que lo leas, me hace mucha ilusión contar con un lector de tu calibre. Ojalá te guste y disfrutes de mi historia. Besos

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  3. ¡Comparto también este post!

    bsos!

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    1. ¡Hola, guapa! Como siempre, mil gracias por todo tu apoyo. Besos

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  4. ¡Begoña! Me paso por tu blog para avisarte que ya me llego el correo con los primeros 6 capítulos, me pondré con ellos en cuanto termine mi semana de exámenes, por lo pronto leí el prólogo y me has dejado picada. Me pregunto si alguno de esos mundos que mencionas es el planeta tierra, supongo que ya lo iré descubriendo. Te estaré dando mi opinión y te deseo la mejor de las suertes :)

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    1. ¡Hola, guapísima! Me alegra saber que te llego mi envío al fin y sin problemas. Espero disfrutes de tu lectura. Gracias por tu apoyo. Besos

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  5. ¡Hola, guapa! Y hasta ahí me quedé *.* se queda muy interesante. Como siempre te digo, espero que le vaya genial a la novela :D ¡Mucha suerte!
    Un besazo.

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    1. ¡Hola, guapa! Ya no queda nadita para que continúes con mi historia. Ojalá te guste. Besos

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  6. No puedo leer, jajaj aún estoy en ello, voy paso a paso y estoy enganchado, lástima que me pille en un periodo de tan poca actividad lectora, este año no cumplo el reto de GR ni aunque me lea los libros de mi sobrina jajaja. Besos.

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    1. ¡Hola, simpático! Siento que andes con tan poco tiempo para leer, espero que pronto tengas más. Si te sirve de consuelo yo tampoco podré alcanzar este año mi reto GR, jajaja. Besos

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  7. Hola preciosa!
    No lo he leído, tengo intención de comprarme el libro cuando salga y prefiero leerlo sin saber nada. Te deseo mucha suerte con él, ya queda poquito y te la mereces. Besotes

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    1. ¡Hola, guapísima! Ojalá te guste mi historia y disfrutes de su lectura. Mil gracias por tu apoyo. Besos

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  8. ¡Buenas!
    Pues aquí me quedé yo hace unos meses ya... Y ahora apenas queda una semanita (+11 horas según ese temporizador :P)
    Muchísimo ánimo y que la fuerza te acompañe

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    1. ¡Hola, guapo! Jajajaj, lo de "que la fuerza me acompañe", me encanta, porque ya sabes que soy fan de SW y además estamos también a las puertas de una nueva peli. Tengo muchas ganas de que un lector como tú continúe mi historia, ojalá la termines con gusto. Mil gracias por tu apoyo y tus palabras. Besos

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  9. Ya estamos contando los días¡¡¡ Desearte lo mejor y todo mi apoyo¡¡¡¡ mucha suerte y un beso enorme¡¡
    ¡¡¡Todos a leer El poder de un nombre!!!

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    1. ¡Hola, guapo! Ya no queda nada para que me leas, ¡qué ganas! Mil gracias por tu apoyo. Besos

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  10. Respuestas
    1. ¡Hola, guapa! Muchas gracias a ti por leerme. Besos

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