miércoles, 28 de octubre de 2015

¡¡¡YA A LA VENTA!!!..



Ya a la venta Azul, el poder de un nombre. Samidak. Pídelo en tu librería o cómpralo a través de nuestro blog y llévatelo dedicado y con una bolsa de tela de regalo (hasta fin de existencias).




¡Hola, gente! Como os podéis imaginar esta es una entrada que me hace muy feliz y que llevaba tiempo deseando poder colgar en este blog. Un blog que nació hace pocos meses con el primer objetivo de publicitar este, mi libro, y también de paso comentaros mis lecturas. Nunca pensé que iba a conocer a gente tan simpática y especial con la que compartir mis mundos, así que muchas gracias de todo corazón a todos los que me seguís y me apoyáis. Espero seguir contando con vosotr@s y seguir conociendo más lector@s amigos.




Título:  Azul, el poder de un nombre. Samidak

Autora: Begoña Pérez Ruiz
Editorial: Éride
ISBN: 9788416596089
Número de páginas: 884
PVP: 19.95 


"El planeta Antirios está habitado por una raza de seres humanoides que se comunican telepáticamente y aborrecen cualquier tipo de ruido. En un mundo donde el silencio es ley, la aparición de un misterioso bebé llorando, surgido de la nada, supone toda una crisis.
El cónsul federativo Kritias Sabas deberá encargarse de recoger al bebé, una niña bautizada como Azul, y trasladarlo a Irinia, corazón de la Federación de Planetas. Pero Azul encierra más misterios que el de su extraño origen…
Será criada en orfanatos de distintos planetas hasta culminar su educación en la férrea escuela de Zahirus. Ya como oficial de la Flota Federativa, descubrirá el amor y la profecía que pesa sobre ella haciéndole imposible disfrutar de una existencia normal y feliz. Se verá forzada a alejarse de los seres que la quieren, perseguida por la sombra de la maldición de su nacimiento, aquella que señala su verdadero destino, destruir al Demiurgo Oscuro, antes de que este poderoso y terrible ser engulla a todos los mundos..." (Podéis leer los seis primeros capítulos en este mismo blog, en el apartado Libros. Samidak)



-Cómpralo en tu librería habitual y si no lo tienen puedes solicitárselo sin problema, nuestro libro cuenta con una buena distribución editorial a nivel nacional, aunque se encuentre con más facilidad en Madrid y Barcelona. 

o...

- Cómpralo mediante nuestro BLOG:

Os lo mandamos fácilmente por correo en un plazo de 3 días tras recibir el dinero. Además si lo compráis a través del blog, lo recibiréis dedicado por la autora, con marcapáginas y chapa del libro y con una bolsa de tela de regalo (hasta agotar existencias).  Las opciones para el envío son:

-Envío Normal  (19.95 € libro + 3 € de gastos de envío)
 TOTAL: 22.95
-Envío Certificado  (19.95 € libro + 5 € de gastos de envío)
 TOTAL: 24.95 (este tipo de envío suele ser más rápido y permite seguir el estado del paquete con un código de Correos)


TARIFAS SÓLO VÁLIDAS DENTRO DEL TERRITORIO DE ESPAÑA. PARA ENVÍOS INTERNACIONALES CONSULTAD EN NUESTRO MAIL.


El pago se realizará por transferencia (o ingreso) bancaria
 al siguiente número de cuenta:



Titular: Begoña Pérez Ruiz
            Banco Santander,  Nº de cuenta: 0049-3154-46-2194018107 (Getafe)

Por favor, indicad el nombre del comprador como concepto a la hora de hacer el trámite bancario. 


Una vez hecha la transferencia tenéis que mandar un e-mail a elpoderdeunnombre@gmail.com, 
 indicando el nombre del comprado y la dirección de envío. Así mismo, es importante que nos indiquéis si queréis el libro dedicado y nombre de la persona a la que va dirigida la dedicatoria.


¡MIL GRACIAS POR LEER MI HISTORIA Y VIAJAR A TRAVÉS DE MI UNIVERSO!


domingo, 25 de octubre de 2015

ORGULLOSA DE MI SOBRINA, ORGULLOSA DE AMAR LA LECTURA

Hola a tod@s, hoy os traigo una entrada muy especial. Se trata de un artículo escrito por mi sobrina Miriam Sierra González y con el que ganó, el pasado curso de 2º de la ESO, un premio en su instituto y otro mayor a nivel local en el municipio de Leganés donde vive. Todos los que amamos la lectura y comprendemos lo importante que es para el desarrollo de nuestra sociedad y de nuestra identidad cultural, no podemos dejar de leer este acertado artículo sin estar más de acuerdo. Mi sobrina es una de esa minoría joven que aprecia leer y lo hace con frecuencia, y eso, en estos tiempos que corren, sólo puede llenarme de orgullo. Por favor, leed su artículo, merece la pena...


UN FUTURO EN EL QUE PRESUMIR DE ESPAÑA SEA COMÚN


    Por culpa de una desgracia cuyo nombre puede ser 35%, a los españoles se nos puede tachar de incultos. Nuestro querido amigo 35% incluye a todos los españoles que no son especialmente fans de abrir un libro por interés propio. Pero bien, eso no quiere decir que nadie perteneciente a ese 35% no abra nunca un libro (aunque sí que los hay, desgraciadamente, esas personas a las que no les gusta leer, o que ven un libro de más de 150 páginas sin ilustraciones y con la letra demasiado pequeña para su gusto y se ponen enfermos, literalmente). Por otra parte habrá quien diga: “Por lo menos, con un 65%, hay más gente que suele leer libros por su cuenta”. Todo aquel que diga eso sin informarse bien, se equivoca. La mayoría de ese 65% solo lee una vez al trimestre, lo que equivaldría a unos 4 libros anuales a excepción de que leyese algún que otro libro trimestral más. Dejando atrás esa gran mayoría poco lectora, está mi 29’3%, del que me siento orgullosa de pertenecer, los que leemos de forma más frecuente, según encuestas recientes. En ese 29’3% están incluidos los amantes de la literatura, que aseguran que en cuanto tienen un momento de tranquilidad en casa, lo prefieren pasar volcándose en el mundo que nos aporta un buen libro. Al contrario, un 46% de las personas que leen poco aseguran que es porque “no les gusta o no les interesa leer” mientras que el resto (la mayoría posiblemente falto de excusas o que prefieren negarse a aceptar la posible realidad de la situación), aseguran que es por “falta de tiempo”. Contando a todos los diversos grupos de lectores, leemos una media de 8’6 libros al año, en mi opinión, una cantidad avergonzante en comparación con los 47 libros anuales de la población finlandesa.

    Por lo que a mí respecta, tengo que decir que si las personas adultas dicen que los jóvenes de hoy son el futuro y que hay que promover entre ellos la cultura, lo primero que habría que hacer es darles ejemplo, porque hoy día, ser uno de los países con la media más baja de lectores en Europa no beneficia en nada al futuro de España. ¿Acaso queremos un futuro en el que nuestros gobernantes no sepan expresarse correctamente de forma oral y escrita? Aunque lo dicho anteriormente desgraciadamente no sea nada nuevo en lo que respecta a nuestra política, es algo que urge mejorar si de una forma u otra queremos librarnos de que nos juzguen de incultos, o incluso que nos menosprecien solo por cómo son nuestros gobernantes. Ahí es donde entra la literatura. La literatura enriquece nuestro vocabulario y nos ayuda a expresarnos de forma más correcta cuando es necesario. Es algo esencial tanto en el aprendizaje como para pasar un rato entretenido en cuanto se nos  presente la ocasión.

     A muchos adolescentes les gustan libros de fantasía, ciencia ficción o romance, además aseguran que mientras leen se sumergen en el mundo que nos aporta el libro; mientras tanto, otros adolescentes opuestos a los anteriores, prefieren no tocar ningún libro, y se quedan inmersos en el mundo de las nuevas tecnologías y las redes sociales, donde descuidan su vocabulario con expresiones en las que cambian la letra “q” por la “k” o suprimen la letra “h”, acortan palabras, suprimen vocales, etc… Y claro, después, a la hora de presentar cualquier trabajo o redacción para clase, o incluso al hacer un examen, lo que más predomina son las faltas ortográficas anteriores (tengo que admitir que no pongo ningún ejemplo de alguna de esas faltas de ortografía porque no quiero que ni mis ojos ni los del lector de este texto sean dañados con las brutales puñaladas al diccionario español).
    Y vuelvo a los porcentajes (horribles o benditos, el adjetivo que se prefiera dependiendo del grupo al que se pertenezca, claramente). Sueño con un futuro en el que el 29’3% aumente, y por descarte, que el resto de porcentajes descienda. Que sea aún más común pasear por la calle y encontrar a los jóvenes comentando sus libros favoritos, en vez de sumergirse en sus smartphones. Que si llueve, la gente no se deprima por no poder salir a la calle, hay días de sobra para salir, un día así puede convertirse en un buen día gracias a la compañía de un buen libro. En que algún día, nunca más se nos tache de incultos, y que nuestros líderes se hagan respetar y adorar, no que la gente se mofe de ellos por las promesas que nos hacen, que se acaban quedando atrapadas por los tentáculos del olvido. Un futuro en el que España deje de creerse superior debido a los logros deportivos, y se crea superior por una gran salida de la crisis, presidentes que cumplan sus promesas, o por la cantidad de jóvenes españoles que triunfan gracias a la cura a alguna enfermedad. Que no nos avergoncemos de decir que somos españoles. Hasta que ese día llegue, seguiré soñando con un futuro mucho mejor.
   

lunes, 19 de octubre de 2015

CAPÍTULO SEIS DE SAMIDAK

Hola a tod@s, pues ya estamos en pleno octubre y toca subir al blog el sexto capítulo de mi novela Azul, el poder de un nombre. Samidak.  Es el último que voy a subir al blog. Como ya anuncié (vuelvo a repetir este mensaje, lo siento si resulto pesada), cada mes he ido publicando un capítulo para ir abriendo el apetito lector, hasta que este 29 de octubre se publique al fin como libro (editorial Éride).  ¡Santo Cielo! ya quedan pocos días, como indica mi propio marcador del blog.  

Tod@ el que lo quiera podrá comprarlo en su librería de confianza o a través de este blog (ya habilitaré una entrada para ello).

¡Disfrutad de la lectura de este último capítulo de adelanto!


CAPÍTULO SEIS. CHOQUE DE ESPADAS



Faltaba sólo un día para la fiesta de la Consagración. Lázarus Roberts se resignaba ante sus obligaciones aquella mañana. Acababa de aterrizar en Verbace en una nave de transporte militar y lo que más deseaba en ese momento era retirarse a descansar. Pero según le marcaba la agenda de su muñequera, se le esperaba en el gimnasio de entrenamiento de oficiales para asistir a algún tipo de exhibición. Y sabía cómo solían terminar esos actos. Al final siempre le tocaba mostrar a él sus habilidades ante los novatos o menos doctos oficiales. Tenía que lucir su experiencia, algo que tras muchas repeticiones había dejado de divertirle. Pero prometió al almirante Drelano atender todas las citas que la Flota le había impuesto en Verbace, aunque fueran más propias de un relaciones públicas o un cargo diplomático.

Hasta el momento había podido ver poco de la ruidosa capital de Verbace. Aunque lo que atinaba a ver desde la nave de transporte que le conducía a la base de seguridad, era la visión de una bulliciosa ciudad. Lázarus había estado allí antes, durante un permiso, cuando sólo era un oficial sin el grado aún de capitán. Su colega Gorgi Sirbio le había arrastrado hasta aquel lugar con la promesa de que lo pasarían bien. Pero a Lázarus no le gustó mucho todo aquello. Sí, era una enorme ciudad dedicada al ocio y al juego, uno podía perderse en sus diversiones. Aunque Lázarus la encontró demasiado masificada, él prefería sitios más clandestinos y menos populares como Calenda, donde cualquiera tenía la diversión y el anonimato garantizados. Era lo mejor para huir de la Federación, un rincón alejado de su control directo. Lázarus a veces necesitaba no sentirse como una pieza más del engranaje federativo. Una suerte que entre sus obligaciones no estuviera pasar más de dos días en aquel lugar, podía abandonar Verbace en cuanto acabara la fiesta de la Consagración.

El oficial que le recibió al aterrizar su transporte, se ofreció a acompañarle, pero él no quiso aceptar, prefería moverse solo a través de las instalaciones. Aquella base de seguridad no era un sitio muy grande. Lázarus estaba a punto de llegar al gimnasio y mientras caminaba despreocupado se preguntaba si la elección de su atuendo para aquel día era acertada. No vestía aún su uniforme de gala, había optado por la ropa deportiva que acostumbraba a ponerse cuando se ejercitaba en el gimnasio de su propia nave. Quizá era un conjunto poco aparente para presentarse ante el capitán y los oficiales de Verbace que le esperaban, pero era la vestimenta más adecuada si tenía que exhibirse en alguna demostración de lucha de combate. Las puertas de la sala del gimnasio no auguraban un recinto mucho mayor que el propio de su nave Andante. En cuanto estuvo en el interior confirmó que así era.

-Presumo que es usted el capitán Lázarus Roberts.- le dijo Erkines Maltés saliendo a su encuentro. Lázarus reparó en su interlocutor y al ver su uniforme de capitán de tierra supo ante quien se encontraba. Era un hombre mayor de lo que esperaba, sin duda todo un oficial veterano.
-Sí, y yo supongo que usted es el capitán Erkines Maltés.- el aludido sonrió confirmando su identidad.- Confió en que haya tenido usted un buen viaje. Para ser un capitán estelar es usted bastante joven, no le imaginaba así.
-Sí, no es usted el único que no lo hace.
-Bueno, no perdamos más tiempo, déjeme que le enseñe nuestras instalaciones de entrenamiento. Como verá, son un tanto rudimentarias, pero se ajustan a nuestras necesidades.- Lázarus no necesito mucho tiempo para ver el conjunto del gimnasio. Había una amplia sala de combates adaptada para enfrentamientos armados o luchas cuerpo a cuerpo. Había otra sala con aparatos y máquinas diversas para realizar ejercicios. También disponían de una piscina cubierta no muy grande. Y por último una sala cerrada, reservada para recreaciones holográficas y para ejercitarse con combates más rudos usando contrincantes robóticos.

En la gran sala de batallas había cerca de veinte oficiales que contemplaban a Lázarus expectantes. Él los miró de soslayo, sin fijarse demasiado en ninguno de ellos. Casi todos vestían ropa deportiva similar a la suya, sólo dos de ellos vestían otro atuendo. Llevaban trajes reforzados y cascos para practicar esgrima. Aquella mañana, ese gimnasio le deparaba una demostración de espada. Lázarus se alegró de ello, estaba esperando una simple lucha targiana, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo tan poco agresivo como un baile de mariposas. Sin embargo, un buen duelo de espadas para un persoliano como él, era un espectáculo emocionante, aunque infrecuente de ver en los círculos oficiales de la Federación. Y si aquellos dos guardias no eran buenos con el manejo de sus armas, siempre podía él enseñarles a bailar con una espada.



-He oído decir que usted, como yo mismo, siempre está dispuesto a ver un buen combate de espadas. Por ello espero que disfrute con el que van a ofrecernos dos de mis oficiales.- El capitán Erkines le invitó a sentarse para ver la lid que estaba por comenzar. Lázarus se acomodó con gusto deseoso de ver un buen combate. La refriega no tardó en empezar tras el saludo de rigor de los combatientes. Fue una pugna elegante y bien coordinada, pero de un nivel esgrimista mediocre para el gusto de Lázarus. Quedaba claro que como espadachines su potencial no era elevado. Lázarus perdió enseguida el interés por saber quién de los dos sería el ganador. No era capaz de disimular su indolencia y pronto el capitán Erkines advirtió con una sola mirada que su invitado se estaba aburriendo. Erkines no sabía si sentirse molesto por su descortés desinterés o verse obligado a admitir que sus espadachines no eran un notable ejemplo del arte de la esgrima. Ante semejante dilema, se le ocurrió tentar al capitán Lázarus:
-¿Qué le parece si usted y yo somos los siguientes combatientes?- la pregunta de Erkines pilló por sorpresa a Lázarus. Esperaba en cualquier momento ser requerido para hacer una demostración de sus habilidades, pero no creía tener que enfrentarse al propio capitán de aquella base. Era más habitual que sus exhibiciones fueran en solitario o que si lo luchaba contra otro rival, éste fuera un simple oficial. No le hacía sentirse muy cómodo la idea de cruzar su espada con otro capitán. Sin embargo, dado el talante que parecía imperar en un hombre como Erkines, consideró mejor ofenderle en el combate que renunciar a él, porque Lázarus estaba convencido de que le doblegaría con facilidad en un duelo de espadas.
-Será un honor.- contestó Lázarus sonriendo de manera complaciente.

Ambos capitanes se prepararon para el duelo. Se vistieron con el peto de alkinia, un material dúctil y ligero y a la vez sumamente macizo, lo mejor para sentirse protegido como si de una recia armadura se tratara. El conjunto de seguridad se contemplaba con un casco ligero también de alkinia. El visor de este yelmo era opaco y aunque los contrincantes tenían una visión perfecta, toda sus cabeza y su rostro permanecían ocultos dotándoles de un aspecto un tanto siniestro. Los oficiales que estaban a punto de presenciar la exhibición de los capitanes se miraron inquietos. Más de uno hubiera querido formular una apuesta ante semejante pelea y no limitarse a ejercer de espectadores. En cuanto estuvieron preparados, eligieron sus espadas, aunque no dejaban de ser armas rudimentarias, las espadas del gimnasio eran pequeñas obras de arte, bien labradas y calibradas. Su peso era el preciso de la esgrima tradicional, como bien le gustaba recalcar a Erkines. Un amante del arte de la espada como él, se veía en la obligación de tener buenas armas en su gimnasio.

Tras el saludo de rigor, ambos capitanes se pusieron en guardia y estuvieron unos segundos contemplándose, uno frente al otro. Los presentes creían que sería Lázarus el primero en romper su guardia y atacar marchando hacia delante. Pero por el contrario fue Erkines el que marcó el ataque y Lázarus se vio forzado a romper hacia atrás para defenderse. El joven capitán completó su defensa con un movimiento de fondo, contraatacando con su arma en ristre. Erkines no era un aficionado y esperaba un movimiento ofensivo semejante. Así que le fue fácil zafarse de la espada de Lázarus y acometer a su vez con un ataque en línea. Pero los reflejos de Erkines no eran tan rápidos como los del joven Lázarus. Éste último no tuvo ningún problema en romper el ataque de su adversario con un movimiento de marcha hacia adelante, que le permitió abalanzarse a su vez clavando su espada en el pecho protegido de Erkines. El sensor electrónico del peto sonó validando el ataque de Lázarus.

Y volvió a sonar al menos cinco veces más en favor del joven capitán, mientras Erkines no pudo certificar ni un solo tocado en su marcador. Tras casi media hora de pelea, no le quedó más remedio que declararse doblegado y dar por ganador a aquel joven, que no dejaba de parecerle sino un pretencioso, aún admitiendo que era un buen espadachín. Los oficiales testigos de la pugna aplaudieron encantados, especialmente las mujeres que no disimulaban la atracción que ejercía sobre ellas Lázarus Roberts. El joven capitán a su vez, y marcando más aún su atractivo, se quitó el casco protector y dedicó a las féminas, lo que a los ojos de Erkines no era sino una presuntuosa sonrisa de triunfo. Sin duda aquel ridículo joven merecía una cura de humildad. Erkines no había sido capaz de aplicársela, pero al pensar en ello supo al momento quién era la persona idónea para administrársela.

-Mi buen capitán, es usted un estupendo espadachín , sólo mis reflejos me han permitido ganarle.- comentó Lázarus en un tono que no dejó de sonar displicente. Acto seguido se dispuso a quitarse el peto.
-Oh, no, mi joven capitán no se quite aún el traje, quisiera que nos mostrara una vez más sus habilidades con la espada. Voy a buscar a otro oficial para que sea su adversario.- Antes de que Lázarus pudiera replicar nada, el capitán Erkines marchó a buen paso hacia la sala de recreaciones. Lázarus le contempló un momento un tanto desconcertado, para, al instante, lanzar una sonrisa pícara a sus espectadores. El capitán tardó un largo rato en regresar, tanto, que todo el mundo, empezando por Lázarus se impacientó bastante. Cuando regresó a la sala principal del gimnasio un oficial venía tras él. El oficial movía sus pies con pesar, como si no le apeteciera llegar hasta donde el capitán le arrastraba. En cuanto le vieron aparecer, los oficiales congregados comenzaron a susurrar de manera incómoda y Lázarus no pudo dejar de percibirlo. El oficial llevaba puesto el casco de alkinia cubriéndole toda la cabeza, a Lázarus le era imposible atisbar una sola facción de su opositor. Cuando estuvieron a la misma altura, el joven capitán saludó con una fría sonrisa.

El oficial que acompañaba con mal disimulada desgana a su capitán , no era especialmente fornido, y en cuanto a su estatura, tampoco destacaba. Incluso el capitán Erkines que era un poco más bajo que Lázarus le sacaba una cabeza. No era de extrañar que aquel pobre tipo no tuviera prisa por batirse con Lázarus. El joven capitán se apenó un poco por aquel desconocido oficial, tenía intención de hacerle besar la lona del gimnasio en un abrir y cerrar de ojos.
-¡Vaya, capitán! ¿No ha encontrado entre sus oficiales uno más corpulento para hacerme frente?- comentó Lázarus con sarcasmo.
-La fuerza nada tiene que ver con el manejo de la espada, ¿acaso nadie le enseñó esa lección?- Erkines no pudo reprimir la acritud en sus palabras. Lázarus percibió al instante que su comentario había sido dañino y poco acertado. Sí, su maestro de esgrima le enseñó esa lección, pero Lázarus acostumbraba a ser impetuoso y olvidar conceptos básicos. Sobre todo cuando se sentía ganador.
-Lo siento, capitán, si usted ha elegido a este oficial para la demostración sus razones tendrá. Acepto encantado el reto.- La disculpa de Lázarus tenía poca convicción, pero viniendo de alguien tan pretencioso, Erkines la dio por buena con un simple asentimiento de cabeza. Al fin y al cabo, el viejo capitán estaba a punto de cobrarse su venganza, gracias al oponente que había elegido. Pronto podría reponer el honor de su base. Lázarus estaba tan despreocupado, que arrinconó las ganas que tenía de retirarse a descansar. Parecía una prueba más de un reto divertido, no estaba dispuesto a decepcionar a su público.




Lázarus y su oponente se saludaron para comenzar el duelo y enseguida se pusieron en guardia. Lázarus adoptó una guardia tradicional con la espada hacia delante, dispuesto a tirar o parar un ataque. Sin embargo, para su gran sorpresa, su contrincante adoptó una guardia con la espada hacia abajo casi rozando el suelo. Era la postura conocida como pájaro de cola larga en la que el esgrimista adelanta un paso su pie derecho, pero mantiene su pie izquierdo atrás con la mano zurda a la espalda, mientras la diestra agarra la espada hacia abajo como si uno estuviera dispuesto a arrojarla al suelo. Lázarus se inquietó, ningún espadachín de buen juicio empezaba un duelo con semejante guardia, salvo si estaba muy seguro de sí. Él solo había conocido a un hombre capaz de dominar ese movimiento y ese había sido su maestro de armas Vailaso Sirton, aquel del que había aprendido todo sobre espadas en su Pérsolis natal. Pérsolis era uno de esos pocos planetas federativos que gustaba de formar a sus jóvenes en el deporte del manejo de la espada. A su memoria acudieron las palabras del maestro:
-La guardia de pájaro de cola larga sólo puede ser usada por los maestros o los locos, querido Lázarus, espero que algún día estés en la primera categoría como espadachín.- Lázarus nunca había osado usar esa guardia, ni tampoco había visto hacerlo antes de llegar a Verbace. Ahora sólo le cabía preguntarse en qué categoría de espadachín estaría su contrincante. Lázarus sonrió para sí, intrigado. Y en unos segundos su intriga se convirtió en desconcierto. Sin haber sido capaz de preverlo, su opositor había llegado hasta su altura y le había desarmado. Lázarus no estaba seguro de si para ello se valió de uno o varios movimientos, pero él ya no tenía su espada sujeta en su mano derecha. La espada yacía en el suelo del gimnasio, como si tuviera vida propia y hubiera saltado de su mano hasta allí. El oponente le hizo un gesto instándole a que la recogiera para continuar el combate. Lázarus se sintió estúpido como no se sentía hacía tiempo, como sólo le hacía parecer su padre cuando le recordaba lo poco orgulloso que estaba de él.

En cuanto Lázarus recogió su arma, ambos espadachines volvieron a ponerse en guardia. Lázarus no estaba dispuesto a ser pillado de nuevo desprevenido, por lo que decidió abandonar al instante la guardia y hacer un rápido ataque de flecha. Confiado de su rapidez , pensó que conseguiría dar en pleno peto del adversario alargando bien su espada con su impulso. Pero el oficial desapareció de su trayectoria y de su visión como un fantasma y cuando se giró hacia su derecha para dar con el paradero de aquel, sintió un pequeño calambre en su brazo, como una descarga. Su espada de nuevo había caído al suelo. Lázarus no podía creerse que de nuevo había sido desarmado. Los oficiales que asistían a la demostración cruzaban murmullos de asombro entre sí, mientras el capitán Erkines le dedicaba una mirada cargada de cierta sorna. Lázarus tomó su espada del suelo. Esta vez lo hizo sin esperar que su rival se lo pidiera. Deseaba sentirse libre de escoger. Así que tomó con furia el arma, agarrando la empuñadura con fuerza, desoyendo el consejo de su antiguo maestro Vailaso Sirton que tronaba en su mente:
-Recuerda, joven Lázarus, una espada nunca se debe sostener con fuerza, tienes que sentirla como un pájaro en tu mano. Nunca la estrangules, ni la cojas tan flácidamente que se te escape del puño. Trátala con firme delicadeza.
Sólo que en aquel momento, Lázarus no sabía nada de sutilezas. En lo único que pensaba era en no volver a pasar por la vergüenza de ser desarmado. Así que de un brinco, con su espada en la mano, dio un salto y se dispuso a atacar cargando sin abrir guardia alguna. Su contrario paró el ataque con un simple paso hacia atrás y deteniendo espada contra espada. Entonces hubo una sucesión de cruces de espada, un auténtico duelo.

Parecía un combate igualado, al menos así lo creía Lázarus, pero los espectadores, especialmente el capitán Erkines, veían como el oficial en realidad tenía una clara ventaja y sólo estaba jugando con Lázarus. En sólo unos segundos, de ser el atacante, Lázarus pasó a ser el defensor, retrocedía haciendo frente a los golpes de su oponente de manera desesperada y poco elegante. Porqué su rival no le vencía de una vez, era algo que sólo el propio oficial sabía, quizás estaba siendo piadoso.
Pero todo tiene un límite y su contrincante en un momento de la lid, volvió a pillar desprevenido a Lázarus, cambiándose de mano la espada. Resultando ser un espadachín ambidiestro, blandió con su mano izquierda la espada haciéndola bailar frente a Lázarus que retrocedió como pudo ante la embestida del oficial. Un segundo después, Lázarus vio como su espada volaba a la mano derecha de su oponente. Nuevamente aquel oficial le arrebataba su arma. Lázarus tropezó y cayó hacia atrás mientras las dos espadas en mano del rival le marcaban en el pecho.
El peto emitió el sonido del marcaje que le delataba como derrotado. Lázarus sentado en el suelo, desarmado y humillado, miraba hacia arriba al campeón que, erguido frente a él, le contemplaba desde la altura apuntándole con las espadas.

Cuando Lázarus pensaba que nada más podría sorprenderle aquel día, Azul se quitó el casco y le mostró su rostro. Era un semblante de una belleza etérea y de unos rasgos exacerbadamente delicados, muy lejos de cualquier humano. Al contemplarla, Lázarus se vio invadido por el recuerdo de las deidades mitológicas que poblaban los cuentos que su madre le narraba cuando era niño. El azul de sus ojos era tan puro e infinito, que parecía destinado a calmar la sed de imperios enteros. Su rostro estaba crispado por la tensión del momento y el sudor por el esfuerzo perlaba toda su piel. Y con todo, Lázarus jamás contempló algo tan radiante.

El joven capitán había visto muchas mujeres hermosas a través de sus viajes por el universo, todo tipo de bellezas de distintas razas. Él mismo era un experto galán, por sus brazos habían pasado cientos de conquistas. Y pese a ello, se quedó sin habla al contemplar como Azul le tendía la mano para ayudarse a ponerse en pie. El combate había terminado y Lázarus se sentía doblemente desarmado, sin espada y sin palabras que acudieran a su boca. La doble humillación de haber sido vencido y por una mujer, pasó a un segundo plano, estaba demasiado embelesado con ella. No podía apartar sus ojos de la intensa mirada azul de aquella joven, se sentía profundamente hipnotizado:
-Bueno, no se puede negar que hemos presenciado un gran combate.- dijo cordial el capitán Erkines acercándose hasta Lázarus. Éste tardó un tiempo en reubicarse, en darse cuenta que aún estaba en el gimnasio de entrenamiento de Verbace y no en ningún otro lugar. Y aunque las palabras de Erkines le habían devuelto a esa realidad, aún no podía regresar sino parcialmente a ella. Contemplando a Azul, no sentía deseos de mirar a ningún otro lado, y menos de responder a Erkines. Pero el capitán Erkines no se sintió ofendido por ello, una mujer como Azul no podía causar otro efecto que no fuera el que Lázarus estaba sufriendo. 


-Le presento a mi primer oficial, Azul. Como acaba de comprobar es nuestra mejor espadachín.- comentó Erkines llenó de orgullo como si le estuviera presentando a su propia hija.
-Me temo que no ha sido un duelo justo. Lo siento por usted, capitán Lázarus, es un excelente espadachín.- Lázarus quería tratar de comprender por qué Azul había calificado el duelo de no justo, pero antes de preguntarle por ello la joven volvió a hablar.
-Tengo que irme ahora, llego con retraso a mi turno. Con su permiso capitán Erkines.- el capitán dio su consentimiento con la cabeza, sabía que ya había forzado demasiado a Azul por ese día.
Ella odiaba tener que batirse ante un contrincante humano y demostrar su superioridad en el manejo de la espada. Hacía tiempo que prefería usar la sala de recreaciones artificiales, allí podía combatir con su espada contra robots y conseguir no sólo ejercitarse realmente, si no también no terminar humillando a nadie.

En Verbace no había ni un solo oficial que la hiciera sombra con el manejo de la espada. Esa misma mañana se hallaba en la sala de recreaciones combatiendo con un androide de batalla, cuando el capitán Erkines vino a pedirle que se batiera contra Lázarus. De buena gana Azul se hubiera negado a hacerlo, si el capitán Erkines le hubiera dado alguna opción de rechazar un reto semejante. Pero el capitán básicamente se lo ordenó, alegando que bastante había hecho por ella librándola de acudir a recibir al capitán Lázarus Roberts. Ahora se le hacía inevitable brindarle el dudoso placer de conocerle.

La joven se dio la vuelta, dispuesta a marcharse. Lázarus no quería que lo hiciera, quería que se quedara allí con él, quería conocerla mejor, saber de ella. Pero mientras Azul le daba la espalda, sólo tuvo tiempo de formularle una pregunta:
-¿Por qué dice que nuestro duelo no era justo?- Entonces la joven se paró en seco, giró su cabeza y miró a Lázarus dedicándole una sonrisa a modo de respuesta. En otras circunstancias muchos eran los que morirían por una sonrisa da Azul. Pero ésta era una sonrisa melancólica, llena de una tristeza tan inmensa, que Lázarus se sintió bloqueado y culpable de haber causado esa reacción con una sencilla pregunta. Azul no hizo ningún gesto más, ni emitió palabra alguna, miró al frente y salió del gimnasio ante el estupor de Lázarus.
-Déjela ir, capitán, le contaré algo sobre ella que responderá a su pregunta.- era el capitán Erkines el que le hablaba así mientras posaba su mano con firmeza sobre uno de los hombros de Lázarus impidiendo cualquier intento de éste de seguir los pasos de Azul.
  

domingo, 11 de octubre de 2015

Reseñas breves

Hola a tod@s,
Últimamente ando con poco tiempo y más que agotada, ya que en mi trabajo es una época de mucho curro y no puedo librar y encima mi poco tiempo libre he de distribuirlo entre mi familia, mis lecturas y los últimos preparativos con mi novela Azul, el poder de un nombre. Samidak, que sale a la venta en unos días. Pero como tampoco quiero dejar desatendido el blog, pues disfruto mucho con él y tod@s los que visitáis mis mundos, hoy os he preparado una colección de reseñas breves de mis últimas lecturas. Espero que os guste...

-Perros de paja de Gordon Williams, ediciones Mármara. De nuevo he de agradecer a esta pequeña editorial de grandes apuestas que me permitiera leer uno de sus libros. Esta no es una novela actual, fue escrita en 1969, aunque hasta la fecha no había traducción en castellana y muchos sólo conocíamos la historia por las versiones cinematográficas. Es esta una historia en la que el autor se esfuerza para que el lector se adentre en la piel de los personajes y consiga elegir, tras mucho cavilar, en qué lado está, todo un conflicto moral de los que no dejan indiferentes.

Nos encontramos con un matrimonio, en crisis, que ha venido a pasar un tiempo de retiro a un pequeño y aislado rincón de Inglaterra desde EEUU. El contraste de estos, acostumbrados a ambientes académicos y contrarios a cualquier tipo de violencia, choca contra los rudos y pobres habitantes del pueblo, que no pueden sino sentir antipatía por ellos. El ambiente se va tornando cada vez más asfixiante hasta culminar, tras una serie de catastróficas desdichas, con el asedio, por parte de unos violentos y asesinos pueblerinos a la casa del matrimonio y su hija. Entonces, la violencia explotará en ambos bandos, para recordarnos que todos tenemos un monstruo en nuestro interior y que no es tan sencillo que éste se pliegue en momentos críticos, pese a nuestros principios éticos.

-El marciano de Andy Weir, Ediciones B. Para todos los que ya me conozcáis un poco, no será una sorpresa que me haya leído este libro. Al fin y al cabo es uno de los más renombrados del panorama actual de la ciencia-ficción, sorprendentemente, para lo marginal que suele ser este género, un best-seller. Yo como amante de la ciencia-ficción no podía menos que leerlo, aunque me asustaba un poco la fama que le precedía. Lo cierto es que no se puede decir que sea una historia de ciencia-ficción al uso, es más un relato de aventuras, de supervivencia extrema de un ser humano en un entorno hostil. Pero el entorno no es otro que el deshabitado e inhóspito planeta Marte. Sólo puedo deciros que me ha encantado esta historia, he sufrido y he reído con el personaje, compartiendo cada instante de sus contratiempos y sus triunfos. 
Estoy deseando ver si la película plasma toda la grandeza de los personajes, el drama e incluso los momentos épicos unidos a las desgracias que acechan a un moderno Robinson Crusoe con traje de astronauta.


-Trilogía de Cyteen, de C.J. Cherryh, Ediciones B. No lo voy a ocultar, esta es una de mis autoras favoritas de género fantástico, simplemente adoro la inteligencia con que escribe, la profundidad de sus tramas, cargadas de conflictos diplomáticos y intrigas políticas y sobre todo la riqueza de sus personajes llenos de vida. Llevaba muchos años tratando de conseguir en papel esta trilogía completa para poder leerla, y cuando por fin la encontré en una oferta de segunda humano, me pose loca de contenta. Y aunque no me haya gustado tanto como mi amada tetralogía de Chanur de la misma autora (¡aún muero por ser una hani!), desde luego la espera por leer esta trilogía ha valido la pena. Al contrario de Chanur, en esta novela no vamos a encontrar mucha acción, no es una space-opera, ni tampoco habrá diferentes razas extraterrestres. 
En esta novela todos los personajes son humanos, aunque pueblen un mundo muy alejado de la madre Tierra en un remoto futuro. Ante todo esta es una historia sobre la psicología humana, todo un estudio de los patrones que nos rigen. También se centra en la polémica de la clonación humana y todos los aspectos ético-morales que conlleva. Por supuesto, también nos habla de nuestro deseo de ser inmortales y el peligro de ello. La profundidad de los personajes es tan brutal que no puedes sino sentirlos como vivos al leer, adentrándote en sus dramas y obsesiones de manera absoluta. No digo que sea un libro sencillo de leer ni atractivo para cualquier lector, pues en la historia priman las mentes de los personajes antes que cualquier acción, pero merece la pena el esfuerzo.

-La reina roja, de Victoria Aveyard, editado por Océano Gran Travesía. Esperaba con ansias leer esta historia y sólo puedo decir que ha sido mi gran decepción de lo que llevo de año. Ni me voy a molestar en hacer sinopsis alguna, podéis encontrarla en los cientos de reseñas que pueblan la blogosfera alabando esta historia. Personalmente no encuentro ni pizca de originalidad en la trama, que sólo es un refrito de otras sagas juveniles (La selección, Amanecer rojo...), aderezado con personajes sacados de cómics de mutantes. La supuesta intriga palaciega me ha parecido pobre y predecible. 
Los personajes principales, meros clichés con nula profundidad; la protagonista Mare, en ocasiones se me hacía algo alelada y desde luego alejada años luz de heroínas épicas de su estilo como Katniss Everdeen. Pero a todo ello he de sumar la deficiente prosa de la autora, pobre en recursos y bastante mediocre. He terminado más que harta de que los personajes "apretaran la quijada" una y otra vez, demostrando que tenían un registro emocional en sus gestos tan amplio como el del tren Thomas. 



Volviendo a la dolorosa y reiterativa expresión "apretar la quijada", he de añadir que las traducciones de Océano Gran Travesía no contribuyen, si no todo lo contrario, a disimular la simpleza de la pluma de esta autora. Esta reina roja, se me ha quedado coja.


Si os gustan los mutantes de cómic, como a mí, no os molestéis en leer este libro, leed mejor la fabulosa etapa del guionista Chris Claremont en la Patrulla X, o al menos su genial obra maestra en forma de novela gráfica: Dios ama y el hombre mata.

domingo, 4 de octubre de 2015

Los diamantes de Oberón


Ficha bibliográfica:

Título: Los diamantes de Oberón

Autor: Fernando Lalana

Editorial: SM

Precio: 8.85 €



Sinopsis: Estamos en el año 2112.  La nave espacial Mesmeren, procedente de Oberón (satélite de Urano) está a punto de llegar a la estación espacial Antares, como estaba previsto. Lo que no estaba previsto es que sus veintiún ocupantes hayan fallecido durante un viaje por un fallo en el sistema de hibernación. Leonor Zabalza, doctora en psicología cibernética, será la encargada de analizar a Fred, el ordenador que dirige la Mesmeren, con el fin de saber qué ha pasado.





Reseña: Ante todo he de felicitar a SM por dos cosas: la atractiva portada de este libro y su publicación en sí. Llevaba mucho tiempo sin disfrutar de la lectura de un título de Gran Angular, creo recordar que la última vez que lo hice fue de la mano de Rosa Huertas, autora que me encanta, y su novela Bajo la sombra del Greco.


Los diamantes de Oberón ha sido toda una grata sorpresa, a cuya lectura me vi desde el principio atraída dada la temática de ciencia-ficción. Si bien confieso que las primeras páginas me desconcertaron un poco y estuve tentada de abandonar la historia, ya que el humor, demasiado simple del inicio, me sacaba de la narración. Es cierto que es la primera vez que leía algo de Fernando Lalana, un autor acostumbrado a usar el recurso del humor en muchos de sus libros. Pero una vez que me acostumbré al estilo narrativo propio del autor, disfrute alegremente de la novela. Sobre todo cuando a la protagonista principal, Leonor Zabalza, se le une el otro personaje central, Fred, el superordenador único encargado de pilotar y atender la nave Mesmeren.

La historia, con ambientación futurista, plantea un misterio: la muerte de veintiuna personas en un inexplicable incidente durante su hibernación a bordo de la Mesmeren. Puesto que la nave no dispone de ningún otro ocupante, salvo sus pasajeros muertos durante el sueño inducido, parece evidente pensar que el autor de los asesinatos ha sido Fred, la inteligencia artificial. Llegar a esta conclusión se antoja inevitable, no sólo por el escenario que plantea la novela, si no por los antecedentes en otras historias de ciencia-ficción de literatura y cine, donde el asesino siempre es una máquina que se ha vuelto demasiado humana (un recuerdo especial para Hal 9000, el ordenador de 2001, odisea en el espacio). Recuerda al dicho de ciertas historias policiacas el asesino es siempre el mayordomo. No seré yo la que revele en esta reseña quién es el culpable de las muertes, ni sus verdaderos motivos...  Porque, como bien indica el título, hay que tener en cuenta que, a parte de los muertos, la Mesmeren transporta valiosísimos diamantes de Oberón, cuyo valor bien podría ser el móvil de múltiples asesinatos.

Pero, además del misterio de las muertes, existe el enigma adicional de que en la Mesmeren también viaja el cadáver de una mujer, que resulta ser la propia doctora Leonor Zabalza, encargada de resolver si Fred ha asesinado a sus viajeros o ha sido víctima de un virus informático. Así que: ¿Cómo es posible que Leonor esté viva y muerta a la vez?  Tardé unas páginas en dar con la respuesta de este segundo enigma, que a priori se antojaba más complicado que el primero. Y si conseguí saber qué estaba pasando fue gracias a mi experimentada formación como aficionada al género de la ciencia-ficción, es decir, que lo solucioné por ser bastante friki. Pero no lanzaré ningún spoiler sobre esto, como tampoco sobre el final de la novela. Confesar, eso sí, que no tuve claro quién era el verdadero culpable de las muertes, ni cómo se solucionaría el asunto hasta llegar a las últimas páginas del libro.

Debido a la poca extensión del libro no hay un gran número de personajes con los que profundizar en la historia, si bien los pocos que desfilan por la novela están bien perfilados y la relación entre Leonor y Fred es de lo mejor de la trama. Me encanta la naturalidad de la doctora en todas las situaciones por las que atraviesa, y también su inteligencia, ambas cosas la convierten en una heroína poco corriente. Y Fred, desde luego, es el perfecto ordenador que ha sobrepasado a sus creadores. Gracias a las reacciones de ambos la historia se hace la mar de entretenida y sumamente creíble, que disfrutarán por igual aficionados o no de la ciencia-ficción.

En definitiva, pese a ciertos momento de humor absurdo que no me cuadraban demasiado y pese a que eche de menos más páginas y un tratamiento más amplio de los personajes, he disfrutado mucho de esta novela. Ha sido una sorprendente y refrescante lectura que recomiendo a todo el que quiera pasar un buen rato de la mano de un gran autor español.